martes, 23 de junio de 2015

Lo que la calle Santa Isabel decía a nuestro paso

La belleza de lo efímero. Como lo que se autodestruye por el desgaste del tiempo en las paredes o es eliminado por la pintura gris del ayuntamiento, así lo nuestro se diluía de manera forzada esta vez, a pesar de que el cierre de la papelería nos animaba esa noche. Otro monolito al que rezarle cada día que pasara delante él, invocando un encuentro furtivo y la ascensión a lo más alto en una cápsula transparente que nos sacara de la realidad de la vida ordenada y sensata, hasta que desapareciera. Una oración en días aleatorios, por los siglos de los siglos, jugando a lo improvisado. Otro templo en escombros con el que me cruzaría algún día.

"Somos los herederos de un mundo resplandeciente"